Pisa, 1 de julio de 2010.Los trenes en Italia no son los más cómodos del mundo, ni los más limpios. Tampoco son los más puntuales (quizás incluso los menos), pero tienen grafittis por todas partes. Y me encanta.
Allí la gente estará acostumbrada, de ahí que las dos personas que aparezcan no le echen demasiada cuenta, pero yo me quedaba un rato mirándolos. Lo que podía entre que llegábamos a la estación y nos íbamos a otra ciudad.






